• ¿Un esfuerzo no tan saludable?

    Una de las creencias que más afianzada está dentro del mundo del fitness y de la medicina, es que la mejor actividad para perder tejido graso es aquella clasificada como de tipo aeróbico.

    Quizás como consecuencia del auge que tuvo esta actividad a fines de la década del 60 en los EEUU con el Dr. Kenneth Cooper, asociado a la cantidad de beneficios sobre la salud cardiovascular que la misma mostró, millones de personas en el mundo se volcaron a esta tipo de ejercicio, ya sea bajo la forma de corridas, como andar en bicicleta, caminar durante tiempo prolongado, remar, etc.

    Paralelamente a las mejoras del sistema cardiocirculatorio evidenciadas, la verdad es que efectivamente mucha gente veía como su peso corporal disminuía luego de este tipo de trabajos, pero varios científicos afirman hoy que en verdad existe una pérdida de peso en numerosos sujetos que hacen actividad aeróbica, pero no solamente proveniente de las grasas. Sin embargo, la realidad mostró que en aquellos tiempos muchas personas enmagrecieron, aunque las causas hoy son bastante atribuidas a que una elevada cantidad de personas era sedentaria antes de incorporarse a este tipo de ejercicios aeróbicos.

    Lo que en verdad estaba aconteciendo, sostienen, era un incremento del gasto calórico semanal por actividad física, algo que hasta ese momento no ocurría en dichos individuos. Quizás hubieran perdido peso también con otra actividad por el solo hecho de salir del sedentarismo.

    Las investigaciones en campos como el de la bioquímica del ejercicio avalan la pérdida de grasa por esfuerzo aeróbico debido a que, por las características del ejercicio, mucha de la energía para el trabajo muscular es aportada por los triglicéridos acumulados naturalmente en el cuerpo.

    Se sabe que esas formas de ejercitación utiliza azúcares y grasas como combustible, en diferentes proporciones, para que los músculos funciones, algo que llevó a pensar en lo beneficioso de elegir esta forma de actividad física para eliminar la adiposidad excedente y, finalmente, adelgazar.

    En ejercicios propios del área de la musculación, en cambio, la energía para los músculos es aportada priviliegiadamente por los azúcares que tenemos en nuestros depósitos corporales.A pesar de todo lo anterior y de la inmensa cantidad de investigaciones que afirmaban (y aun lo hacen) que la mejor elección para adelgazar era todo tipo de ejercicios de baja intensidad y larga duración, muchos trabajos científicos fueron mostrando que, paralelamente a la pérdida de grasa, algo no deseable también se estaba eliminando con este modelo de ejercicios, la masa muscular.

    Este fue un impacto muy duro para los defensores de los trabajos aeróbicos, incluidos muy especialmente no pocos profesionales del área de las ciencias médicas, y la causa principal no era solo en que se estaba contraindicando muchas veces este tipo de ejercicios para el objetivo de enmagrecimiento, sino que además se lo está clasificando como inconveniente para esa población cada vez más numerosa que padece de pérdida de masa ósea también. Como sabemos, el avance de la edad es en sí misma causal de pérdida de hueso, sea bajo la forma relativamente leve a moderada (osteopenia) o severa (osteoporosis).

    Todos aquellos ejercicios de tipo aeróbicos que no tienen micro-impacto articular (natación, remo, bicicleta, entre otros), que no nos obligan a “luchar contra la gravedad” o los que no generan una tracción importante sobre los huesos, son ineficaces (y mal indicados, eventualmente) para la preservación de la masa ósea. Y esto se agraba porque la tracción deberá ser hecha sobre la zona donde efectivamente la perdida de tejido óseo existe.

    El calcio se direcciona exáctamente hacia la región de hueso que está sufriendo un estrés repetitivo durante el ejercicio, no hacia cualquier sitio. Mal puede esperarse entonces que se deposite calcio en una columna lumbar osteopénica cuando se ejercita en bicicleta! De allí que algunas formas de actividad aeróbica podrían no solo no evitar dicho problema sino también agravarlo, sea porque no tienen impacto, sea porque no hay importante contracción muscular o porque incluso pueden potenciar la pérdida de de hueso.

    Como es de imaginar, las personas con exceso de peso graso debieran realizar primeramente un importante entrenamiento de fuerza con el objetivo de aumentar su masa muscular, ya que de esa manera transportará mejor su propio peso en las actividades cotidianas, podrá realizar por ello más actividad física con menos fatiga, incrementará el uso de grasas en reposo, y además, controlará la pérdida de tejido óseo.

    Se debe aclarar acá que las investigaciones actuales desmienten los riesgos que fueron mencionados hace ya muchos años en cuanto que los trabajos de fuerza están contraindicados en las personas con sobrepeso u obesidad. Curiosamente, la investigación seria más reciente aconseja justamente la práctica de ejercicios de musculación en cardíacos, independientemente del excedente (o no) de tejido adiposo que posean.

    Finalmente, y no menos importante, las personas sedentarias obesas normalmente tienen más masa grasa que masa muscular (obesidad sarcopénica), lo que de facto genera un importante estrés cardíaco, algo que parece que los médicos no saben (debieran leer algo más sobre “doble producto y actividad física”). Bajo estas condiciones, se potencia el uso de carbohidratos por 1) fatiga anticipada primero (se anticipa el reclutamiento de fibras rápidas) y 2) por estrés térmico cuando el ejercicio se prolonga demasiado. Esto último, porque el obeso tiene un excedente graso que actua como aislante limitando la pérdida de calor, lo que por otro lado agudiza la glucólisis.

    Es por ello que si algo debiéramos evitar, justamente, es que ese tejido muscular se siga eliminando con las famosas “prolongadas caminatas” que, aún pudiendo generar algún tipo de beneficios al sistema cardiocirculatorio (muy discutible también por cierto), agudizan más la pérdida de músculo. Y claro está, que tampoco va cualquier actividad aeróbica, porque como lo expresé al principio, ciertos ejercicios de este tipo acaban favoreciendo la pérdida de tejido óseo.